sábado, 30 de octubre de 2010

Dia Uno (Parte I) No confíes

Mis amigos estaban en peligro y todo era mi culpa. Había logrado salvar a Alma de la gélida trampa del Escritor, ahora ella y yo debíamos rescatar a los demás. No tenía idea de quienes estaban en el juego, o quienes eran las víctimas, o a quienes el Escritor les había lavado el crebro convirtiéndolos en Eliminadores.
Consulté mi móvil. Era octubre treinta y uno "Feliz halloween" pensé sarcásticamente. Alma aún no había despertado del sueño inducido por la hipnosis del Escritor, siempre que trataba de recordar como me habían hipnotizado mi cabeza dolía o veía las macabras imágenes de las torturas de mis amigos. Nos habían programado para caer inconscientes cuando la misión del día se cumpliera por cualquiera de los jugadores.
Alma despertó, con la tipica ansiedad que también era producto de la hipnosis. Salimos de la bodega en la que estábamos. El día anterior, o "Día Cero" habíamos caído en la pista de hielo donde Alma estaba encerrada, me preguntaba si el sueño inducido era para confundirnos y hacernos perder el tiempo al despertar en un lugar distinto cada vez y a diferente hora del día.
Parecía ser medio día, el sol artificial del domo que reproducía con fidelidad a la ciudad en donde vivíamos quemaba igual que el de verdad. El mensaje de la retorcida misión del Escritor llegó a nuestros móviles al mismo tiempo.

"Stefanía se siente muy sola en la universidad, necesita ver a sus amigos....
por cierto ¿Les agradan las hogueras? No creo que quieran perderse esta
comenzará dentro de cuarenta y cinco minutos. Si se dan prisa llegarán
antes de que la enciendan"

Alma se llevó la mano a la boca, yo cerré mi puño con todas mis fuerzas. El contador apareció en la pantalla del móvil y comenzamos a correr. Ese desgraciado tenía a Fify, y si no nos dábamos prisa en encontrarla la quemaría viva. Corrimos por instinto al institudo de ingeniría, sin embargo otro mensaje llegó a los móviles

"Por cierto, hay tres complejos universitarios en su universidad"

Solamente teníamos tiempo para revisar dos de los tres complejos en donde estaban los institutos de la universidad.

Corrimos hacia el instituto más cercanos, que era el instituto de medicina. Tuvimos que saltar la reja para poder entrar. El único lugar donde se podía encontrar material para hacer una hoguera era la biblioteca. Hubiera sido muy fácil llegar si no hubiera sido por las Pesadillas- criaturas creadas a partir de los malos pensamientos y sentimientos de las personas- que infestaban el lugar.
-Si tratan de detenernos es por que vamos por buen camino- Dijo Alma- Pero ¿Cómo vamos a enfrentar a esas cosas?-
Una persona encapuchada apareció frente a nosotros y arrojó una bolsa
-El Escritor quiere un juego justo- Dijo y desapareció. Tenía una voz fememina que me era familiar
-¡¿Cómo puede ser justo alguien que hace esto con las personas?!- Exclamé, pero la sombra ya se había ido.
Examinamos el contenido de la bolsa. Dentro había armas de fuego y municiones. Tomé una y la extendí a Alma. Ella se limitó a mirarmem su mirada lo decía todo
-A mi tampoco me gusta la idea- le dije- Pero, tal vez nosotros seamos los únicos que podamos salvar a nuestros amigos... Solo tenla por si acaso-
Tomé la pistola. La única vez que tuve que usar un arma fue cuando mi papá me enseñó disparar. Cambié el contenido de mi mochila a una de esas mochilas que se ponen en la espalda, Alma hizo lo mismo.
Logramos llegar a la biblioteca sin ningún percance. Revisé el contador. Habían pasado quince minutos. La biblioteca estaba vacía, comenzamos a buscar por cada una de las salas, en la última sala de la biblioteca había alguien.
-¡No dispares!- Me dijo la voz, bajé mi arma y ví quien era la persona que estaba ahí
-¡Eva!- Dijo Alma -¡Estás bien!- Dijo. Eva sostenía un arma en sus manos estaba temblando, no sie si era por el frío de la sala o de ansiedad
-Estaba con Ismael- Nos dijo- Me dio un arma y me dijo que esperara aquí, que iría al instituo de ingeniería a buscar a fify-
Entonces Eva e Ismael están dentro del juego también pensé.
-Debemos ir al instituto de ciencias sociales entonces- Dije- Ismael puede tener las cosas bajo control- Los tres salimos del instituto de medicina con rumbo al instituto de ciencias sociales

"No confíes en nadie. No le creas a nadie. Solamente confía en tu compañero"

Día Cero El juego Comienza

No sabía como había llegado ahí. Tenía un fuerte dolor en la nuca, cada vez que trataba de recordar, imágenes macabras corrían por mi cabeza. ¿Qué debía hacer? Lo único que podía hacer era caminar y esperar encontrar a alguien. El lugar estaba frío, mi respiración se hacía mas entrecortada y difícil. Podía ver mi aliento, mis piernas se habían empezado a debilitar. ¿Cuánto tiempo había estado ahí? No lo sabía. Las luces del lugar me golpeaban en la cara, los reflejos neones azulados de las paredes lastimaban mi vista, un zumbido pasaba por mi oídos. Me esforcé por caminar, ya no sentía mi nariz, ni mis orejas y me costaba trabajo mover mis dedos.
Por fin logré alcanzar la puerta entreabierta, la jalé con las pocas fuerzas que me quedaban. La luz penentrante por el techo de aquél recinto fuen como un elixir para mi cuerpo. Estaba dentro de un congelador, el hielo que se había formado sobre mi rostro y mi ropas comenzaba a evaporarse. Me tendí a la luz del sol de octubre. Recibí con agrado su cálido abrazo y dejé que recorriera todo mi cuerpo.
Algo estaba mal.
Ella no estaba, debría estar ahí también. Corrí dentro del congelador y busqué freneticamente, pero solamente encontré mi mochila. Ella estaba conmigo antes de perder el conocimiento, tal vez estaba en otra parte. Decidí ir a buscarla. Busqué por cada tienda y pasillo del ahora desolado centro comercial, más no pude hallarla. Me senté un momento y revisé el contenido de mi mochila, revisé entre todas las baratijas que tenía dentro y lo encontré, el tomo maldito.
Trozos de mi memoria volvieron al instante, era por culpa de ese tomo que ella y yo estábamos en esa situación, to la había matido en esa situación, a ella y a mis amigos. Si no hubiera comprado ese tomo maldito, nada de esto estaría pasándonos ahora.
Dejé de lamentarme, no tenía el lujo de perder mi tiempo. Si ella estaba en una situación similiar a la mía, debía encontrarla.
Recordé un poco más a cerca del juego macabro en el que estaba metido, si no lograba cumplir mi misión, mis amigos morirían, uno por uno, cada día. Mi teléfomo emitió un pitido, creí que se había echado a perder en el congelador, ví la pantalla. El contador de tiempo marcaba cinci minutos y el tiempo se agotaba, comencé a correr.
Cinco
Empezaba a desesperarme, había corrido desde un extremo al otro del centro comercial, hacia el único lugar que no había revisado aún.
Cuatro
Comencé a toser, el frío del congelador me había enfermado. Fue entonces cuando ví la verdad.
Tres.
Tomé un extintor y corrí hacía el centro de la pista de hielo, me costaba trabajo llegar, el suelo estaba rezbaladizo
Dos
Aún faltaban un par de metros para llegar. Comencé entonces a golpear la capa de hielo que rodeaba a la caja en donde ella estaba
Uno
Descubrí la tapa de la caja y comencé a abrirla. El hielo me impedía tener un soporte adecuedo para abrir la caja y el tiempo se agotaba. Resbalé en el último intento de abrir la caja
Tiempo Fuera
El contador había desaparecido de mi móvil, ella estaba a salvo, la fuerza de mi peso al resbalarme había logrado abrir la caja. Ella abrió los ojos y salió de la caja
-¡Estás bien!- Me dijó. Yo solamente me limité a sonreír. Pronto, ella cayó incosciente y antes de poder hacer algo, mi cabeza coemzó a dar vueltas y yo perdí el conocimiento también
Las reglas eran simples. El primero en despertar antes de que el día cero acabara tendría medía hora para buscar a su compañero. Si no lograba encontrar al compañero, etste moriría y el que sobrevivía pasaría al día siguiente. Si nunguno de los dos despertaba ambos morirían. Si cumplíamos, deberíamos rescatar a uno de nuestros amigos al día siguiente, si moríamos, alguno de nuestros amigos tomaría nuestro lugar
De cualquier forma y con cualquier resultado, ambos ya estábamos en el retorcido y macabreo juego del Escritor.