sábado, 30 de octubre de 2010

Día Cero El juego Comienza

No sabía como había llegado ahí. Tenía un fuerte dolor en la nuca, cada vez que trataba de recordar, imágenes macabras corrían por mi cabeza. ¿Qué debía hacer? Lo único que podía hacer era caminar y esperar encontrar a alguien. El lugar estaba frío, mi respiración se hacía mas entrecortada y difícil. Podía ver mi aliento, mis piernas se habían empezado a debilitar. ¿Cuánto tiempo había estado ahí? No lo sabía. Las luces del lugar me golpeaban en la cara, los reflejos neones azulados de las paredes lastimaban mi vista, un zumbido pasaba por mi oídos. Me esforcé por caminar, ya no sentía mi nariz, ni mis orejas y me costaba trabajo mover mis dedos.
Por fin logré alcanzar la puerta entreabierta, la jalé con las pocas fuerzas que me quedaban. La luz penentrante por el techo de aquél recinto fuen como un elixir para mi cuerpo. Estaba dentro de un congelador, el hielo que se había formado sobre mi rostro y mi ropas comenzaba a evaporarse. Me tendí a la luz del sol de octubre. Recibí con agrado su cálido abrazo y dejé que recorriera todo mi cuerpo.
Algo estaba mal.
Ella no estaba, debría estar ahí también. Corrí dentro del congelador y busqué freneticamente, pero solamente encontré mi mochila. Ella estaba conmigo antes de perder el conocimiento, tal vez estaba en otra parte. Decidí ir a buscarla. Busqué por cada tienda y pasillo del ahora desolado centro comercial, más no pude hallarla. Me senté un momento y revisé el contenido de mi mochila, revisé entre todas las baratijas que tenía dentro y lo encontré, el tomo maldito.
Trozos de mi memoria volvieron al instante, era por culpa de ese tomo que ella y yo estábamos en esa situación, to la había matido en esa situación, a ella y a mis amigos. Si no hubiera comprado ese tomo maldito, nada de esto estaría pasándonos ahora.
Dejé de lamentarme, no tenía el lujo de perder mi tiempo. Si ella estaba en una situación similiar a la mía, debía encontrarla.
Recordé un poco más a cerca del juego macabro en el que estaba metido, si no lograba cumplir mi misión, mis amigos morirían, uno por uno, cada día. Mi teléfomo emitió un pitido, creí que se había echado a perder en el congelador, ví la pantalla. El contador de tiempo marcaba cinci minutos y el tiempo se agotaba, comencé a correr.
Cinco
Empezaba a desesperarme, había corrido desde un extremo al otro del centro comercial, hacia el único lugar que no había revisado aún.
Cuatro
Comencé a toser, el frío del congelador me había enfermado. Fue entonces cuando ví la verdad.
Tres.
Tomé un extintor y corrí hacía el centro de la pista de hielo, me costaba trabajo llegar, el suelo estaba rezbaladizo
Dos
Aún faltaban un par de metros para llegar. Comencé entonces a golpear la capa de hielo que rodeaba a la caja en donde ella estaba
Uno
Descubrí la tapa de la caja y comencé a abrirla. El hielo me impedía tener un soporte adecuedo para abrir la caja y el tiempo se agotaba. Resbalé en el último intento de abrir la caja
Tiempo Fuera
El contador había desaparecido de mi móvil, ella estaba a salvo, la fuerza de mi peso al resbalarme había logrado abrir la caja. Ella abrió los ojos y salió de la caja
-¡Estás bien!- Me dijó. Yo solamente me limité a sonreír. Pronto, ella cayó incosciente y antes de poder hacer algo, mi cabeza coemzó a dar vueltas y yo perdí el conocimiento también
Las reglas eran simples. El primero en despertar antes de que el día cero acabara tendría medía hora para buscar a su compañero. Si no lograba encontrar al compañero, etste moriría y el que sobrevivía pasaría al día siguiente. Si nunguno de los dos despertaba ambos morirían. Si cumplíamos, deberíamos rescatar a uno de nuestros amigos al día siguiente, si moríamos, alguno de nuestros amigos tomaría nuestro lugar
De cualquier forma y con cualquier resultado, ambos ya estábamos en el retorcido y macabreo juego del Escritor.


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